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Diario de Yohan Uribe Jiménez

El arte de la melancolía

Días humedos

01 de septiembre, 2009 - 01:40

Los días de lluvia siempre me traen una romántica nostalgia pasajera. Mamá en la casa poniéndole canela al arroz con leche y escuchando por la radio las aventuras de Kalimán y el pequeño Sorin, mientras yo tras la ventana miraba correr los ríos  de agua por las empinadas calles de mi barrio. El aroma es incomparable, el sonido de las gotas cayendo en los techos parecía una extraña melodía de esas contemporáneas, me hacía imaginar mil cosas. Cerrar los ojos era olvidarse del mundo. Era saber que si existía el paraíso en el obligatoriamente habría de haber arroz con leche, lluvia y los programas que mama sintonizaba por Todelar estéreo.

 

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Recorriendo pasos de tedio

03 de agosto, 2009 - 17:41

Como autómata que se refugia en los recuerdos cotidianos de un pasado inmediato, me reencuentro tedioso en el espejo de los días anteriores. ¿Cuántos lugares me han visto llorar de miedo y de hastió? Se podrían pavimentar caminos enteros con el asfalto que he recorrido preguntándome, riéndome, acudiendo a la interminable lista de nombres que se esconden de miedo en el directorio de las páginas amarillas.

Yo camino despacio, cruzo las mismas calles donde otros debieron haber librado batallas y sin embargo solamente escucho silencios. Cualquier camino conduce a la tristeza si esta descansa en los escritorios de las oficinas burocráticas o en las bancas de los parques donde los jubilados narran sus heroicas batallas con 30 años de cotidianidad y mientras tanto aquello también es el recuerdo.

 

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Apenas y a penas...

20 de mayo, 2009 - 23:43

 

“En esta excursión a la muerte que es la vida”
Del buzón de tiempo que algunos llaman memoria, una lágrima se escurre en forma de noticia. Donde quedó tu último aliento, quién cantará el dolor del pueblo, quién traducirá el rumor a esperanza fresca que corre en los pasillos de la plaza, del mercado, de las fabricas y de la mirada del niño que vende rosas en la indiferente esquina en la que el guiño de un semáforo controla el trafico de los sueño.

Mario, que tu nombre continué creando molestia en las conciencias compradas de una burguesía arrepentida, que tu voz por siempre se grabe en la memoria de los hombres que viven como pueblo, que sueñan como pueblo, que sufren como pueblo…
Yo mientras tanto seguiré por el mundo guardando en el bolsillo de la camisa algún bálsamo que cure la tristeza, sabiendo que entre tus líneas me reinvento de vez en cuando. Porque los hombres que grandes nacieron, mueren grandes y se llevan consigo el recuerdo pero dejan plantadas en las almas fantasmales sus banderas.

Adiós a Benedetti
Todo lo que es posible decirse sobre Mario Benedetti, esta ya dicho, lagrimas sinceras y gemidos hicieron eco por las calles latinoamericanas cuando se embarcó en el viaje de los muertos el poeta. Habría que bajar a las calles a gritar muy alto que el hombre que escribió las angustias del pueblo y denunció los abusos de los tiranos indolentes, partió, no para siempre, solo hasta que otro joven enamorado de la niña que más tarde ha de ser su esposa, recura a uno de sus versos para conquistarla, hasta que algún obrero cansado de los gritos de un patrón indiferente se estrellen en las páginas que don Mario nos regaló para entender que ese suplicio de deshumanización es solo un reflejo de ignorancia.

Gracias por el fuego don Mario, gracias por esta tristeza que hoy nos viste de luto, gracias por esa firma en el libro de un muchacho que entendió que los hombre que están hechos de fuego nunca mueren, el fuego es eterno y eterno seguirás entre los mortales y sus misterios cotidianos que acuden a ti, sigue a la izquierda del roble que este mundo girará ante su presencia…

Hasta siempre...

 

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La verdadera plaga

05 de mayo, 2009 - 16:54

 

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Lo más peligroso resulta cuando por prevención se prohíben los besos, los abrazos y hasta los saludos de mano. En todo caso se corre el riesgo de que la deshumanización nos atrape como pequeños corderos que se salvan de los colmillos y las garras del lobo, para terminar como platillo dominical en la mesa de algún buen cristiano que ante los ojos de Dios se confiesa y ante la sombra del diablo vuelve y peca.

Prohibido acercarse mucho, compartir las miradas o sentarse a contemplar los días en una banca no desinfectada, prohibido buscar historias o cazar sueños cuando la noche reclama un bar de esos en los que no se besa si no a los extraños. Toda una vida de costumbres alterada por un maldito virus que  nos mata. Pensar que a diario muere gente por la indiferencia y de esa plaga nadie ha dicho nada.

 

 

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Pequeña carta a un amigo

18 de marzo, 2009 - 00:22

 

Ya sé que has de estar pensando que el miedo a la nostalgia me arrodilla en el rincón de una habitación, que me consume el pánico a estar solo, que me detengo en los pasajes del recuerdo y por eso no doy señal de vida. Te das cuenta lo difícil que es estar aquí, “aquí significa cualquier ciudad”. Dale saludos de mi parte a las calles, al barrio, a los cafés,  sobre todo a los lugares que narran mejor que yo parte de nuestra vida. A las personas déjalas pasar con su carga cotidiana, porque seguramente no entenderán este intento de carta, en todo caso si la leyeran creerían que es la postal de un día lluvioso, ¿Pero que sabes tú de la lluvia? Yo también te imagino con tu gabardina y el paraguas estorbándole al asfalto, saliendo de la universidad al café pasaje, pensando que en la mesa falto yo, para criticar un poco a los alumnos que eran como nosotros hace algunos años.

Este es un lugar del que tengo recuerdos de cosas que no he vivido. Continúo escribiendo, de manera tonta pero atinando cada vez más los puntos y las comas, cada día son menos las ocasiones en las que siento que muero por dentro y se me olvida que esta y cualquiera ciudad esta tan triste como yo. A veces también logro reinventarme, bueno solo un poco (ojalá fuera un mucho) pero es que el egoísmo nos refleja en el espejo cuando estamos solos y contra eso no hay cura aun.

¿Te das cuenta que nos enamoramos para no estar solos? Espero que lo que tengas sea lo que siempre soñaste, ¿Dónde irán los sueños? Porque algún lado tienen que ir, al final los sueños son solo una excusa, muy grande, son la excusa para vivir, por eso en algunas ocasiones se convierten en la mirada nostálgica de lo que nunca vivimos, como cuando te resignas a nunca ser lo que siempre deseaste, lo que ni siquiera tienes esperanza de ser, puta madre… deseo, deseo, deseo… anhelo con todas las fuerzas de mis entrañas ser aunque sea un poquito feliz y con eso hacer feliz a los que ahora están junto a mí.

Por eso omito fechar la nota, porque es un mal ejercicio literario.

En todo caso Arturo, has de perdonar la estupidez de tu amigo.

 

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Pase de abordaje

15 de marzo, 2009 - 22:07

En el silencio más atroz de aquel abrazo, logro sentir aquella dulce indiferencia, ya no te importa ni saber si a un respiro, si a la hora de la cena yo converso con dos panes y una lata de frijoles. En el último aroma de tus brazos, funesto rumor a fresca despedida, tembló de pena y de ambición la nota adversa en la que tu nombre se descuelga por mis labios.

Tú llegaste desde aquella realidad desdibujada, en la que tiene sentido una ilusión hojalatera, una verdad color de nicotina, un paseo de tu escote a tus costillas, el jardín vientre de semillas multiorgasmicas y un puñado de sueños dormidos en el patio de una ciudad de smog y vasos llenos de nostalgia pasajera.  Si tan solo los cuerpos se enredaran, si tan solo quedara espacio para una foto en tu cartera, hay que rezar de rodillas sobre una azotea…

Crueles desencuentros

14 de marzo, 2009 - 19:43

Puede ser que los peores se den frente al espejo. Después de quitarse todas las mascaras que diario se usan para vender en el mercado de los días, la imagen que mantenga activo tu número de seguro social, cualquiera llora de tedio. El pálido reflejo de una hipócrita sonrisa descubierta termina por complicar el inicio de la noche y entonces todo se vuelve preguntas, inquietudes, temores y muy pocas respuestas. Yo no soy, no estoy, no he hecho… la puta rutina de mentiras cargadas en la espalda y ahora calando en el espejo.

Tal vez lo de menos es perder el nombre junto a los dos apellidos, si es que se tienen, conozco hombres que afortunadamente tienen uno solo, lo que cuesta menos trabajo a la hora de las actas, menos letras que escribir en los registros. Volviendo al espejo, lo más extraño es que a él (el espejo) no le importan esos detalles, es lo mismo si él que está desnudo es Martin, Juan o Luis.

 

Tango roto

31 de enero, 2009 - 21:30

Sobre la esquina del barrio cae un sueño nuevo, yo sigo bailando de solo, de loco y 20 de julio. Las primeras notas del himno nacional golpean el piso, ella se moja de verme llorar y el guapo de la esquina cree en Dios en sus últimos momentos.

Ese hombre saca el puñal escondido bajo la camisa y sus rayas tiemblan de lujo, hoy caerá un valiente sobre el cemento, hoy llorará una madre frente el espejo. Hoy se terminaran para él todas las penas, yo escribiré la crónica de la noche de San Lucia, en la que perdió la vida Martín Contreras.

Murió Martín el que repartía dinero entre los niños del barrio cuando lograba algún asalto, él que ponía flores los martes a la virgen, ahora que no está, la virgen tiño de rojos sus cabellos, ahora la mujeres del barrio se sientan pensativas. En estas calles cada noche hay un lamento.

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Llenar páginas de ganas

26 de enero, 2009 - 22:08

Como si escribir fuera un asunto cotidiano. Él pensaba que llenar de letras una hoja era a veces un asunto necesario, sin pretensiones mira el papel y por ejemplo habla de ella como si verdaderamente a ella le importara. Es decir como si fuese tan íntimo el momento que su voz le dictara las palabras:

Te miro correr en campo santo

mientras dejas caer de tu pelo los jazmines

y yo trato de soltar el nudo en tus zapatos.

Párvula voz que oye en la radio las noticias

cuando dos niñas se besan en el parque

una canción que esta por componerse

reclama el nudo atroz que aun guardo en la garanta.

En busca de un adjetivo descriptico, superlativo, imperativo, posesivo, sucesivo y todos los  …ivo que la real academia ha comprado en el mercado de las letras. Se refugia en las páginas del algún autor muy conocido, piensa que él las escribió alguna noche inspirado y entonces a ella si comienza a interesarle.

 

Cansado de este cliché

21 de enero, 2009 - 21:34

 

Verte, revolcarme, tratar de pescar una sirena en el asfalto y vomitarte de arrepentimiento en la mañana. Cansado de seguir leyendo este cliché en el que cayó el discurso de mi vida. Solo espero que llegue Emiliano y me calle los ojos con un silencio largo. Vitaminas para la melancolía, palabras acomodadas en el fondo de una taza, cigarros que no tienen nombre y pasaportes con las citas de un filósofo, esta es la soledad con su elegante mitología.

Como de costumbre la historia seguirá su curso natural,  cualquier espectador inmóvil frente al espejo observará como muere el nuevo día y con la noche el deseo de un mañana diferente. Despertar en el más común de los lugares y soltar de reflejo una palabra. Reinventarse. El discurso más gastado de la historia, el último pasillo que observa a un amante que agoniza, la sabana marcada con rubor y tinta china.

 

 

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Hay país...

08 de diciembre, 2008 - 20:33

 

No ves que vengo de un país

Que esta de olvido siempre gris tras el alcohol.

 

Hay país

Como si con dinero se pudiera comprar un país. Me refiero a un país en el más estricto sentido de la palabra, es decir obviando los traumas fronterizos, las leyes del congreso y los hospitales públicos en los que las enfermeras lloran cuando de nueva cuenta nace un niño. Para los amigos siempre habrá un café sin impuesto sobre la renta, para la familia una puerta y en la esquina de una calle un buen poste para que descansen los borrachos. Un país que no signifique patria pero en el que las viudas salgan a los patios y canten el himno nacional cada vez que tengan ganas de hacer el amor. Con unas cuantas monedas no se puede comprar un país, no se puede comprar ni una bandera, él pensaba que con un país podía hacer la revolución, y la revolución era comprar un abrigo por catalogo.

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Bienvenida Casandra

27 de octubre, 2008 - 12:44

casandra


¿Dónde podrían explicarme tu ausencia? Todos te conocen y sin embargo te niegan, yo camino por las calles y con las manos en las bolsas silbo o canto. Tu predices el futuro aunque nadie te crea. Un par de zapatos viejos hablan por horas con el desgastado asfalto, como si se entendieran, como si vivieran un largo y siniestro romance.  En las paredes los carteles tienen ojos y anuncios que me callan.


Es la melancolía, la niña que llora en el patio por su gato, el cáncer que me produce imaginar tu voz,  la pregunta que a diario hacen los amigos. Bienvenida Casandra, dime que ves en mi futuro, yo si te creeré, aun cuando me digas que seremos felices, yo te creo, aun cuando me digas que eres mi muerte, yo te creo. Pienso a diario en las noches que dejamos pendientes, en todo lo que no te pregunte, en toda la infelicidad que guarde para ti.


Me condeno por antonomasia, a morir de hambre si es posible, a repetir tu nombre y que nadie me escuche, a quedar ciego para que  te quedes en mi por siempre, como eras, con la mirada al aire, con la sonrisa invadiendo grises bulevares, con tu cabello chino enredado en mis dedos, con las ultimas palabras que salieron de tus labios cuando me cerraste la puerta de la casa....

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